Liderar con cerebro

Muchos responsables de equipo al dar una orden se quedan sorprendidos de que unos colaboradores la entiendan y otros no. Es algo que sucede en cualquier tipo de equipo, desde los que se ocupan de tareas muy sencillas, hasta equipos de investigación avanzada. Muchos llegan a la conclusión de que unos colaboradores son más listos que otros… pero existe otra explicación. Unos cerebros tienen preferencia por unas claves para interpretar el entorno y otros por otras claves distintas. Cuando una orden se da de una forma determinaba lleva unas claves (más adelante las conoceremos) que son claras para unos tipos de cerebro y son confusas o, por lo menos, ofrecen dudas, a otro tipo de cerebro.

El conocimiento del cerebro ha avanzado mucho a través de la tecnología y somos capaces de ver su funcionamiento casi en tiempo real. Esto ha llevado a una serie de descubrimientos que tienen un impacto enorme por supuesto en la medicina, y también en campos como el derecho, la educación,  el marketing, la economía,… [i] pero que ofrece  resistencia en el mundo de la gestión empresarial y el liderazgo. Quizás algunas de las razones son que todo el mundo cree estar usando bien su cerebro (en especial los directivos que consideran que han realizado una carrera profesional de éxito) o que el prefijo “neuro” asusta a la hora de aplicárselo a uno mismo.

Para aplicar la neurocultura a las personas en un entorno laboral tenemos que ser muy cuidadosos y trabajar con conceptos que han sido probados y se mantienen a lo largo del tiempo. Cuatro de estos conceptos tienen suficiente robustez para poder ser incorporados de inmediato a la gestión o el liderazgo. Me refiero al “cerebro izquierdo, cerebro derecho”[ii], “dominancia” y “cortical y límbico”. Cada vez es más “vox populi” que los hemisferios izquierdo y derecho funcionan de manera diferenciada a la hora de absorber los datos del entorno y de exponerlos. Por poner un solo ejemplo el cerebro izquierdo prefiere trabajar con números y el derecho con sensaciones. Por lo tanto una orden que incluya números se entenderá mejor por un cerebro izquierdo que por uno derecho. ¿Por qué hablamos de cerebro izquierdo o derecho? Para responder a esa pregunta necesitamos el concepto de “dominancia”. Significa que una persona, de manera natural utiliza con más intensidad y habilidad uno de los hemisferios. Se nos da mejor uno que otro, por lo tanto, nuestras claves para entender en entorno, incluidas órdenes o decisiones a tomar, serán unas u otras.

El último concepto (aunque hay muchos más) que señalamos aquí es el de cortical o límbico. La parte cortical es la más externa del cerebro. En especial la última capa, de unos milímetros y medio, llamada neocortex, en la que reside la conciencia con la que hacemos todo. Por ahora parece que solo los humanos poseemos esa última capa. La parte límbica es la más grande del cerebro y se encuentra por debajo de la parte cortical. Es muy rápida trabajando con los impulsos que le llegan del entorno y de nuestro propio cuerpo. Toda la información que recibimos pasa por la parte límbica antes de llegar a la cortical. Esta parte no es neutra. Hace desaparecer información, el cerebro recibe más información de la que puede procesar, decide qué se recuerda y qué no y, en función de nuestra memoria, decide cómo debemos reaccionar… una vez que hace todo esto (y bastantes cosas más) deja que una parte de toda esa actividad acceda a la parte cortical. Cuando decimos que hemos tomado una decisión, tal vez deberíamos decir que la parte límbica de nuestro cerebro ha tomado una decisión,  para la que mi conciencia, ha encontrado una justificación. Mis decisiones obedecen a la información que ha sobrevivido a la criba de mi parte límbica y los recuerdos de mi memoria. Pueden ser buenas decisiones, pero no son racionales, tampoco irracionales, como mucho son racionalizadas.

A la toma de decisiones debemos de añadir el tema de los sesgos cognitivos o “atajos” que realiza el cerebro para tomar decisiones y que le conducen a una conclusión errónea[iii] Uno de los sesgos es el de confirmación. Estamos diseñados para percibir aquellos datos o hechos que coinciden con nuestras opiniones o creencias previas. Casi todo lo que desmiente mis ideas desaparece en el viaje cerebral por la zona límbica. Las informaciones que me contradicen las considero irrelevantes y terminan por perderse en el olvido.

Llegados a este punto lo lógico es ponerse nervioso y pensar en qué se puede hacer para mejorar la gestión, el liderazgo o la comunicación. La buena noticia es que un mejor conocimiento del cerebro nos haría tomar conciencia de las bases de nuestras decisiones y cuestionarlas. Un mando que quiera mejorar su liderazgo tiene que manejar las claves de ambos hemisferios, de manera que sus órdenes o reflexiones aporten claves y datos a todos sus interlocutores.

Gestionar o liderar sin cerebro es un lujo que no nos podemos permitir, en el siglo XXI, sin pagar unas consecuencias temibles.

Sergio Cardona Herrero, Profesor del Máster en Dirección de Personas y Desarrollo Organizativo



[i] Francisco Rubia. “El Cerebro nos Engaña”. Ed. Temas de Hoy. 2007. Madrid

[ii] Sally P Springner y George Deustsch. “Cerebro Izquierdo, Cerebro Derecho” Ed. Ariel. 2001 Barcelona

[iii] Rolf Dobelli. “El Arte de Pensar”. Editorial B. 2011. Barcelona

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